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Endocrinología Dietética

Written by Super User. Posted in Dieta y Salud

 

Como decía Hipócrates: “El alimento debe de ser vuestra medicina y la medicina debería de ser vuestro alimento”
La dieta afecta a las hormonas cien veces más que cualquier fármaco y, en última instancia, controla la inflamación.
Gracias a una correcta alimentación, como la preconizada en la Dieta en la Zona de Sears, podemos controlar la insulina y la inflamación. La insulina activa la enzima D-5-Desaturasa, que favorece el incremento del Ácido Araquidónico (AA), cuyos metabolitos son los eicosanoides “malos” (PGE2, Tromboxanos y Leucotrieno B4) responsables de las enfermedades cardiocirculatorias, crónicas y degenerativas.
La insulina es sobre todo la hormona que “almacena” y sus niveles en sangre se incrementan por la ingesta de alimentos con una carga glucémica (CG) alta, produciendo una hiperinsulinemia . La CG es la clave para la dieta sana. Se define a la CG como la cantidad de insulina producida por los carbohidratos consumidos, multiplicada por su índice glucémico (IG). Por eso la patata, que tiene una carga glucémica elevada, entra en la sangre en forma de glucosa más rápidamente que el azúcar.
CG = IG x gr de H de C / 100
Cuanto más alta es la carga  glucémica (CG) de un alimento hay más probabilidades de que la tasa en sangre de insulina se eleve (hiperinsulinemia), se produzca a la larga una resistencia a la insulina y como consecuencia aparezca el Síndrome Metabólico y la inflación (PCR+)
Alimentos con CG elevada Þ Hiperinsulinemia Þ Resistencia a la insulina Þ Síndrome metabólico.
Antes se pensaba que los carbohidratos complejos, eran una fuente alimenticia óptima. Hoy sabemos que los carbohidratos complejos, como el pan, la patata, el arroz, etc., son carbohidratos de alta densidad, por lo que  pequeñas cantidades contienen una gran proporción de hidratos de carbono. El peligro es consumir un exceso y provocar una elevada respuesta insulínica. Por este motivo deben ser consumidos con moderación.
Frutas y hortalizas, al revés, son carbohidratos de baja densidad y por tanto pueden consumirse en cantidades mucho mayores, sin peligro de tener una excesiva respuesta insulínica. Además, en estas últimos alimentos hay mucha fibra, que ralentiza la absorción de los carbohidratos e incide en el control insulínico. Además son ricos en sales minerales y vitaminas.
El pan, la pasta y el arroz no deben constituir más del 25% del peso total de los carbohidratos en cada comida.
El exceso de insulina hace engordar (“almacena grasas”) y favorece el incremento de ácido araquidónico (AA), que procede de los fosfolípidos de nuestras membranas celulares (fuente interna de AA), que es el precursor de los eicosanoides “malos”, responsables, como se ha dicho, de las enfermedades cardiocirculatorias, crónicas y el cáncer, por citar algunas.
El cuerpo produce la insulina en cantidades excesivas cuando en una comida se ingieren demasiados hidratos de carbono, nada de grasa o demasiadas calorías.
El glucagón, que es otra hormona del páncreas con efecto contrario a la insulina. Se libera cuando se comen proteínas y evita que los niveles de glucosa en sangre (glucemia) decaigan demasiado (hipoglucemia) por efecto de la insulina, lo cual produciría hambre. Por ello, son las proteínas las que tienen un mayor efecto saciante, aunque antes se pensaba que eran las grasas.
El glucagón estimula la producción de eicosanoides “buenos”.
Debemos mantener la insulina bajo un estricto control: ni demasiado alta ni demasiado baja.
Si una persona se siente bloqueada y cansada mentalmente significa que tiene bajos niveles de azúcar en sangre.
Hay fármacos, como los diuréticos y betabloqueantes (se usan en hipertensión), la cortisona y la cafeína (café) que aumentan los niveles de insulina.
Hiperinsulinemia Þ ­ AA de origen interno Þ Eicosanoides “malos”
El AA también puede ser ingerido con los alimentos (origen externo), sobre todo con las carnes rojas grasas, yemas de huevo y vísceras, como el hígado y los riñones.
AA de origen externo (carnes animales) Þ Eicosanoides malos.
Es por tanto necesario prevenir el incremento de AA en nuestro organismo, evitando las dos vías que lo favorecen: la externa (sufrimiento los alimentos cárnicos citados y consumiendo preferentemente pescado, pavo, pollo, clara de huevo, proteínas de la soja y de la leche) y la interna (manteniendo a raya a la insulina, evitando los carbohidratos de IG elevado, y sobre todo los alimentos con una CG alta), así como añadiendo a la dieta, en cada comida, grasas favorables, que contengan ácidos grasos monoinsaturados, que son hormonalmente neutros (no afectan a la  producción de insulina) y retrasan la absorción de los carbohidratos, como el aceite de oliva virgen de primera prensa en frío y las aceitunas, las nueces de macadamia, el aguacate (y mejor aún el guacamole), las almendras, pistachos y la mayoría de los frutos secos.
Cuando con una dieta correcta (por ejemplo, de la Zona + Omega-3) perdemos muy rápidamente demasiado peso posiblemente se deba a que teníamos un exceso de cortisol en sangre que condicionaba mucha retención de agua en los tejidos, porque lo normal es perder de grasa alrededor de 500 g a la semana, con una alimentación adecuada.